• Por Donde Charlan El caminante y su sombra. R.I.R.Trigueros

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    En la R.I.R. de TRIGUEROS.
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  • Un día cualquiera

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El Parquet De Tus Calles…

El Parquet De Tus Calles…
Tientos y tarantos
Encogidos de pectorales
Y punteras encabritadas
Brisa y ternura,
Torsos desnudos y lamentos lejanos
Y mis pies descalzos
Apuntalan mi columna
Inhiesta contra el parquet
Ese pavimento que viste tu calle
Un ungüento me has dado, un limón ajado
Zumo estridente recién mezclado, estrujado
Relamido en su pulpa, encabritado en el acero
Cristalizado por láminas de fría angostura
Temple y calor en tus labios
Frialdad y quebranto en mis dedos
Choque, encuentro, ladino esfuerzo
Y claqué suena en la habitación de al lado
La sangre corre
La virginal damisela ha sucumbido al encanto
Ays, relamido limón, contra ti me atreví a predecir
Angostura de canela, y el frío cristalino
Nos apeó en estaciones distintas
Mas quién olvida, aquella bella limonada
Recién derramada entre tus piernas
Y ese rostro asustadizo que me brindaste
Ays, que bello instante de calor y fuego,
De volcán y mar, de sangre derramada
Serán las grietas del retrato en sepia
El que apenas nos muestra la ciencia cierta
Y no es otra
Es simple paso del tiempo…

Jinetes en la noche.

 

Jinetes en la noche.
El sol está radiante, todos salen como los lagartos. Grandes dosis de vitamina D, ya el cuerpo iba tornando su cubierta en un pálido mortecino. Hola y adiós, en los paseos. La fiel compañera reluciente, se contornea perfecta, acicalada como en los grandes contrastes.
Surge entonces en mi pensamiento, la bajada de guardia provocada en los sumisos mortales por estos bruscos canjes del tiempo en los terciados de marzo.
Los abrevaderos de las nuevas monturas, a rebosar, colas y más colas. Peregrinación obligada en un día que invita a desplazamientos por la piel de esta maltrecha anfitriona, nuestra pachamama. Rugiendo los corazones de esos jinetes, ansiosos de dosis de adrenalina.

El peligro surge con las horas de cabalgadura, aderezadas con el espíritu de fuego, unas hierbas aromáticas y sin tener que llegar a tocar las líneas. La sobredosis de vitamina D será lo menos resbaladizo. Será complicado dominar la bestia, en la que se convierte, en esas condiciones. El camino se estrecha, y han de pasar todos, cabremos, nos preguntaremos.

Aparecerá la tormenta en noche estrellada, surgirán los llamados a los espíritus de nuestros ancestros. Pero si no hemos cuidado las mínimas circunspecciones, nadie nos escuchará. Pagaremos, dando con los huesos en un antro de frío, humedad y malas maneras.

Las alúas en días así salen por doquier, pero son milloneslas que perecen en su destino, grandes cantidades para solventar las mermas.

Los humanos nos vanagloriamos de superar en mucho a las alúas. Claro que a veces no sé, si será en tamaño, o en cerebro. Muchos cráneos parecen enormes aserraderos colmados de su sustancia propia, para absorber líquidos desparramados.

Por todo ello, para no pagar el resto de tus días el error de una noche, disfruta de tu cabalgadura con todos tus sentidos. No los filtres a través de sustancias cegadoras. Si quieres volar vuela, pero filtrándote la visión no te hará falta montura. La enjundia está en disfrutar y contarlo.

No dejes que los jinetes de la tormenta te atrapen. Aliuuuu.Saturday in the night, already it is.Enjoy and turn it. Aliuuuu. En la mañana, la brisa acaricie tu rostro. Aliuuuu.
(HEMOS NACIDO SALVAJES, VENTE VERÁS,CLICK)

Silueta Soy…

Silueta Soy…

Apenas una ondulada

Mota de polvo

Sobre el cristal.

Superficie vacilante

Del tiempo corrompido

Cincel insoslayable

Pilón golpeador

En mi estómago hambriento

No logro seguir, siendo bella

Agonizo de inanición

Cruel tictac

Maldita gravedad

Odio a newtonianos

Enseñaron nos la verdad

Gravitacional valetudinario me convertí

Momia de cueros carcomidos

Busco mi reflejo en el lago

El aire protector, se mueve

No deja

Que me olvide, que me borre,

Que me ahuyente, la realidad,

Encalada sobre  aquel excelso recuerdo.

Nada queda, nada soy, silueta preexiste.

De recuerdo, Tus Labios…

De recuerdo, Tus Labios…

Una foto me has quedado

En el borde de la almohada, cerca

Muy cerca de mi rostro cansado.

La frialdad ha invadido tu espacio,

Hasta la luz entra tamizada en esta mañana

Corpúsculos atrapados en gotas de humedad creciente.

El queso enmohecido, comienza a perder su hedor

Un ratoncillo desconfiado me mira, asustado

Mientras da cuenta del trozo, duro y quebradizo

Nuestro hámster, me reías,

Cuando habitabas las sábanas de esta cama,

 Ahora retumba,

La sardónica carcajada, sin pertenencia.

Vueltas y vueltas, gira y gira, desollando el vinilo

Aquel tango, donde tus manos me asían, penetrando mi piel.

El claqueteo de la persiana, se mofa de tus, otrora, pasos

Un repiqueteo asíncrono e impreciso

Parece marcar el final del torbellino

Surcos vacuos, sin melodía, cuan mi cama huérfana

Campan en el centro, azabache rasgado

Ronroneando, afrentándose ante un desvalido amorfo

Un gurruño de piel y huesos que se deja morir.

Un cervato abandonado ante la jauría de coyotes carniceros

Apenas mis ojos son capaces de captar el desahucio

Van cayendo las encaladas paredes, dibujando apariciones

De formas grotescas, realzando la decadente afirmación

De que ya no estás

Donde sólo te pedí un recuerdo, esos labios rojos

Ese carmín enfebrecido.

Belleza Yacente…

Belleza Yacente…

En la hora de los cómputos

Te encuentro aumentada

Lánguida y gélida, cubriendo la estancia

Con tus labios afligidos, y tu aroma empapado

Mis ojos me acusan, me sancionan, me culpan

No puedo asirte con mis manos condenadas

Apenas soy capaz de mirarte

Un hálito, quiero tu aire

Y me abandonas, con el manto de luz por vestimenta

Nada queda, entre los tejares

Piezas destrozadas de mampostería, recubriendo tu ilusión

Quebrada por sanguinarias sanguijuelas

Equivocada la petición de ángeles

Vaticinio de cartas con hombres de negro y filos sangrantes

Luchas vencidas y derrotas anquilosadas

Muestra de injustas cuentas pagadas

Sino levadizo en la bruma de plenitud y desconsuelo

Otra mañana aciaga

Nunca más la melodía sonará con trinos de mirlos alelados

Con tu risa a carcajadas, a mandíbula batiente

Otro día, donde descorres un cerrojo de ida, sin vuelta atrás

Y egoísta me dejas, vagando por el terraplén de los moribundos

Llévame, arráncame el pecho, no te ensañes cuan si fueras orca

Sé malévola y hunde tu tenaza en mi cuello

Destroza mis articulaciones, mas no me dejes sangrando

En tierra de nadie…

Belleza Yacente, altiva hasta sin vida, tómame.

Tamaña Tozudez…

Tamaña Tozudez…

Acrisolados llevas los botines

Mas no los siento distantes.

Mi cercano pecho agujereado

Por tus afilados tacones, no supuran sangre

Palpita deseo, arrea su tozudez, arrastra sin condición

Tus mallas de altiva y montaraz refinada.

Agrietan la insoslayable oscuridad de la noche

Redondeces de taconeos sobre el granito pulimentado

Claquetean cuan si fuera la última función

Y la fusta siento desollar mi espalda

Y tiro de tus riendas, de tus cordajes luengos

Entre el chirriar de dientes que se enfrentan dolientes

Tamaño brebaje el que nubla la luz del crisol

Y mansa, cuan la fiera redomada

La atrevida felina que enseña las uñas a sabiendas

De relamérselas, y atrincherada en sus propios miedos

Dócil damisela que atesora la esperanza de ser montada

Relamida, quebrada en las contingencias de una lucha desigual

Donde los fluidos son salitrosos y los cuerpos se entregan

A ser estocados y envestidos con deseo, con fruición, con la calidez de ser poseído por las anémonas de su jardín interior

Nadie pestañea, ambos se saben ganadores, saciados, embebidos, rociados por los reflujos de la vida y la expiración

Uno tiraba, otra dejábase tirar, ambos se disfrutan entre sabores de saliva y melosas afrutadas, resarcidos de invenciones reales.

Quédate… Y Volaré.

Quédate… Y Volaré.

En el aire siempre te vi

Tu risa alocada, mis ojos acuosos

El sabor de la canela, sobre el dulce manjar de tus labios

Nata de dulce sabor, frescura manifiesta y preñez vital.

El desierto delante de nosotros,

Por amoblar

El mar crispado, rezumando ansias de humedad

Nuestro chalupa, deslumbrante, agitada por lanzarse

Las nubes, tontas, nubarrones proyectaban ser

Y el sol, rojizo lunar del añil  inmenso

Un nenúfar, rosáceo aposento de príncipes encantados

El chapoteo de las ganas, el deseo del equilibrio

Y me sujetas, no quieres palacios

Quieres palaciegos hombres, escurridizos amantes

Y me gritas, sin decir nada, dibujando en tu rostro una suplica

Quédate, no vayas, no te aventures

Nada deseo, que no sea, agua insípida,

Tomada de tus labios, elixir de sultanes y Taj mahal

Nada sueño, nada anhelo, más que al llamarte me acaricies

Con dedos ciertos…

Quédate me susurras, cuando nunca me he ido.

Pajarico de alas pequeñas y planear grandioso

Centinela de mis noches frías, y aire de las cálidas.

Quédate, rijosa entre mis piernas y volaré.